Belleza y bienestar
Nadie coge el teléfono con las manos en un tinte
Y quien llama y no encuentra a nadie prueba con el salón de la esquina. Kelbia coge la hora por WhatsApp o por tu web, dice cuánto dura cada servicio y recuerda la cita el día antes, sin que nadie suelte las tijeras.
No aconseja ni promete resultados. Eso lo decides tú, con la clienta delante.
Cinco mensajes de un sábado por la mañana
Los que entran justo cuando el salón está lleno. Debajo de cada uno, hasta dónde llega el chat y cuándo te lo deja a ti.
«¿Te queda algo esta tarde?»
Pregunta qué servicio quiere antes de mirar nada, porque no ocupa lo mismo un flequillo que un balayage. Con eso busca un hueco que de verdad quepa y se lo aparta con la persona que hace ese trabajo.
«¿Cuánto se tarda en unas mechas?»
Da la duración que tengáis puesta vosotros y avisa de lo que suele pillar por sorpresa: que hay que contar el lavado y el peinado, y que en pelo largo puede alargarse. Así nadie reserva a las siete con prisa por llegar a las ocho.
«¿Voy con el pelo lavado o sucio?»
Contesta vuestro protocolo para ese servicio concreto, que no es el mismo en un color que en un tratamiento de queratina. Lo mismo que explicáis veinte veces por semana, dicho una vez y siempre igual.
«Al final no puedo ir mañana»
Suelta el hueco, lo devuelve a la agenda y le ofrece otro día en el mismo mensaje. Vosotros os enteráis sin descolgar, y esa hora se puede volver a llenar en lugar de quedarse en blanco.
«¿Trabajáis los lunes?»
Horarios, festivos, vacaciones y dónde está el local, incluido si hay que llamar al portero o dónde se aparca. Son las preguntas más tontas y las que más veces se repiten.
Una hora que se cierra mientras el salón está lleno
Mira lo que hace antes de ofrecer nada: preguntar qué servicio es. Sin eso, la agenda se llena de huecos que no caben y de tardes que se van de las manos.
Lo que deja de pasarte en la sala
Tres cosas que ya sabes de memoria, porque te pasan todas las semanas.
Dejas de soltar las manos
Coger el teléfono en mitad de una aplicación significa lavarse, atender, y volver a empezar. Lo que se puede resolver por escrito deja de interrumpir a quien está trabajando con un producto puesto y un reloj corriendo.
La tarde deja de irse de las manos
Cuando cada servicio ocupa en la agenda el rato que de verdad dura, se acaba el efecto dominó: nadie espera de pie mirando el reloj y nadie sale del salón a las nueve y media.
El hueco vacío se avisa a tiempo
Un recordatorio el día antes convierte el «se me olvidó» en un «no puedo, lo cambio». Y esa hora liberada con un día de margen todavía se puede llenar con alguien que estaba esperando.
Dónde no se mete
Preferimos decirlo antes de firmar nada. Un chat en la web de un salón tiene dos líneas que no cruza.
Ni aconseja ni promete un resultado
No dice qué color le favorece a nadie, no recomienda un tratamiento por una foto, no valora si un pelo aguanta una decoloración y no promete un antes y un después. Puede explicar en qué consiste cada servicio y qué cuesta si lo tenéis publicado; lo demás se decide en la silla, mirando. Un chat opinando sobre el pelo de alguien acaba en una clienta decepcionada y en una reclamación que no era necesaria.
Lo que roza lo sanitario, se deriva
Hay servicios de cabina que tocan la piel de cerca, y preguntas —una reacción, una alergia, un tratamiento médico en curso— que no son de un chat ni de una recepción. Cuando el mensaje va por ahí, deja de dar horas y dice con quién hay que hablar. Si tu centro es sanitario, el planteamiento cambia y lo contamos en la página de clínicas.
- Las duraciones y las tarifas las ponéis vosotros. El chat las repite, no las calcula ni las negocia.
- Las fotos que manda una clienta llegan a vuestro panel para que las veáis, pero el chat no opina sobre ellas.
- Si vuestro programa de citas no deja conectarse desde fuera, apunta lo que pide y os lo traslada, en vez de dar por hecha una hora que no ha podido apartar.
- El nombre y el teléfono de una clienta son datos personales: se guardan dentro de la Unión Europea y los ve solo vuestro equipo.
Lo que nos pregunta un salón
¿Sabe cuánto dura cada servicio y con quién va?
Sí, y es la diferencia entre una agenda que cuadra y una que no. Cada servicio lleva su duración y sus profesionales, así que un color con mechas no se apunta en el hueco de un corte ni se le asigna a alguien que no lo hace. Esas duraciones las ponéis vosotros una vez y las respeta siempre.
¿Puede recomendar un tratamiento o un color?
No. Explica en qué consiste cada servicio, qué dura y qué cuesta si tenéis la tarifa publicada, pero no aconseja qué le va bien a esa persona ni promete un resultado. Eso se decide con el pelo o la piel delante, y quien lo decide es quien lo hace.
¿Sirve para que no me dejen huecos vacíos?
Para eso sirve el recordatorio, que es lo que más se nota. Avisa el día antes por el mismo chat, y quien no puede venir lo dice ahí mismo en lugar de no aparecer. Ese hueco vuelve solo a la agenda y se puede ofrecer a quien estaba esperando.
Qué bot monta un salón
La agenda la lleva el bot de reservas, y las preguntas de siempre —qué incluye, cuánto dura, si hay que venir con el pelo lavado— las contesta el bot conversacional. Si tu centro es sanitario, mira la página de clínicas.
Contadnos cómo lleváis la agenda
Catorce días para probarlo con tu agenda de verdad, sin tarjeta. Estos son los planes.
Si tu centro es sanitario, el planteamiento cambia y lo contamos en la página de clínicas.