Inmobiliarias
Quien pregunta por un piso a las once de la noche no espera al lunes
Está mirando cinco anuncios a la vez y se queda con quien le conteste primero, casi siempre por WhatsApp. Kelbia responde en el momento, pregunta lo que preguntarías tú y te deja la visita puesta en el calendario.
No tasa, no promete precios y no descarta a nadie por su cuenta.
Cinco mensajes que entran por cada anuncio
Los mismos cinco, un portal detrás de otro. Debajo de cada uno, hasta dónde llega el chat y en qué punto te lo pasa.
«¿Sigue disponible el del anuncio?»
Consulta vuestra cartera y dice si está libre, reservado o vendido. Lo importante es lo segundo: cuando quitáis un inmueble, deja de ofrecerlo al momento, y nadie se presenta a ver algo que se cerró hace tres semanas.
«¿Cuándo se puede ver?»
Mira la agenda del agente que lleva ese inmueble y ofrece huecos reales. Aparta la visita a nombre del interesado y avisa al agente con el inmueble, la hora y lo que ya se ha hablado, para que no tenga que empezar de cero.
«¿Cuánto son los gastos aparte del precio?»
Explica qué conceptos entran —impuesto, notaría, registro, gestoría— y que el importe depende de la comunidad y del caso. No inventa un total: dice de qué se compone y quién lo calcula, que sois vosotros con los números delante.
«Quiero vender mi casa, ¿cuánto vale?»
La pregunta que más encargos trae y la que más fácil es estropear. No da una cifra. Pregunta zona, metros, estado y si hay cargas, explica cómo hacéis la valoración y os pasa el contacto caliente para que lo cojáis vosotros.
«¿Tenéis algo parecido pero más barato?»
Con lo que ya ha dicho —zona, habitaciones, presupuesto— busca en vuestra cartera y le enseña dos o tres opciones. Es la conversación que convierte una consulta por un piso concreto en tres visitas.
Un interesado de domingo que llega filtrado el lunes
Fíjate en las dos preguntas del medio. Son las que separan a quien puede comprar de quien está mirando, y son las que nadie hace hasta la tercera llamada.
Lo que dejas de perder por el camino
Tres cosas que ya sabes, aunque no las tengas medidas.
El contacto no se enfría el fin de semana
El sábado por la tarde es cuando la gente mira pisos y cuando la oficina está cerrada. Contestar en ese momento es la diferencia entre una visita y un interesado que el lunes ya ha visto otras tres cosas.
La visita llega con los deberes hechos
Sabes si necesita financiación, si la tiene mirada, si arrastra otra venta y en qué plazo se quiere mudar, antes de coger las llaves. Se acabó descubrirlo delante de la puerta del piso.
Nadie se presenta a ver lo vendido
Cuando el inmueble sale de la cartera, sale del chat. Es una de esas cosas pequeñas que dejan mal a una agencia y que no cuestan nada evitar.
Lo que no hace un chat en una agencia
Aquí se manejan cifras grandes y datos delicados, así que conviene dejarlo escrito antes de firmar nada.
Ni tasa ni compromete un precio
No valora una vivienda, no dice si una oferta se aceptará y no negocia una rebaja. Puede repetir el precio publicado de un inmueble y explicar cómo trabajáis una valoración, pero cualquier cifra sobre lo que vale la casa de alguien sale de vosotros después de verla. Y no asesora sobre hipotecas: informa de qué documentación se suele pedir y deriva al banco o a vuestro intermediario.
Lo que cuenta un interesado no se comparte
En estas conversaciones aparecen ingresos, situación laboral, si hay una separación de por medio o una herencia. Son datos personales, y algunos van más allá: se guardan dentro de la Unión Europea, los ve solo el agente que lleva ese contacto y no se pasan a la propiedad sin permiso. Que vuestra agencia esté sujeta a la normativa de prevención de blanqueo no cambia esto: la identificación del comprador la hacéis vosotros, en persona y con los documentos delante, no un chat.
- Las preguntas de filtro las ponéis vosotros. El chat las hace y apunta las respuestas, pero no decide a quién se llama ni descarta a nadie.
- Solo enseña lo que esté en la cartera que le carguéis. Lo que no está dentro, para él no existe.
- Nunca da la dirección exacta ni las llaves de un inmueble vacío. Concierta la visita con el agente y ahí se acaba su parte.
- Si vuestro programa de gestión no deja conectarse desde fuera, apunta la petición y os la traslada, en lugar de dar por hecha una visita que no ha podido apartar.
Lo que nos pregunta una inmobiliaria
¿Puede decir cuánto vale un piso que quieren vender?
No da una valoración. Puede explicar cómo trabajáis la tasación, qué hace falta para empezar y en cuánto tiempo respondéis, y recoge los datos del inmueble para que la hagáis vosotros. Un precio soltado por un chat, sin haber visto la vivienda ni el barrio, es la manera más rápida de perder un encargo.
¿Cómo distingue a un comprador real de un curioso?
Preguntando lo que preguntaríais vosotros por teléfono: si necesita financiación y si la tiene mirada, si vende otra vivienda antes de comprar y en qué plazo se quiere mudar. No descarta a nadie ni juzga: apunta las respuestas y te llegan con la petición, para que decidas tú a quién llamas primero.
¿Puede enseñar pisos que no están publicados?
Solo lo que le deis. El chat trabaja con la cartera que le carguéis, así que lo que no esté dentro no existe para él. Si un inmueble sale de la venta, deja de ofrecerlo en cuanto lo quitéis, en lugar de seguir concertando visitas a algo que ya está vendido.
Qué bot le encaja a una inmobiliaria
Las visitas las concierta el bot de reservas, la cartera de inmuebles la enseña el bot de catálogo y las dudas de siempre —gastos, hipoteca, papeles— las lleva el bot conversacional.
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Filtrar antes de dedicarle una hora a alguien es también lo que hacemos en despachos y asesorías.